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Entrevista a Narciso Yepes por Pilar Urbano

  • Apr 18, 2007
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Narciso Yepes
Narciso Yepes

Entrevista a Narciso Yepes por Pilar Urbano

Entrevista a Narciso Yepes

Enero 1988

Por Pilar Urbano

Sencillo y genial al mismo tiempo, Narciso Yepes (1927‑1997) personifica un importante capítulo de la historia universal de la guitarra. Las páginas siguientes reflejan su hondura religiosa, y reproducen en su mayor parte la entrevista que concedió a Pilar Urbano, publicada en el número 149 de la revista Época en enero de 1988.

A Dios le encanta mi música El pretexto de esta conversación es el sillón número 18 de de Bellas Artes que, sustituyendo a Andrés Segovia, ocupará Yepes. Pero el motivo es, como siempre, abrir de par en par el personaje y asomarse a la persona: este hombre de cuerpo pequeño y macizo, rostro tosco, mirada suave como la seda y sonrisa inocente. Este hombre de manos pequeñas y gordezuelas, como nidos de gorrión, pero, ¡ah!, prodigiosamente sensitivas, certeras y firmes en el acorde, audaces y agilísimas en el arpegio. Manos que rasguean, que tañen, que pulsan, que hacen vibrar y estremecerse las cuerdas de la guitarra, como si las yemas de sus dedos fuesen los terminales inteligentes de un portentoso cerebro... zahorí de manantiales musicales. Que eso es Narciso Yepes: un insaciable buscador del agua sonora que duerme en el cuenco oscuro de su guitarra.

Narciso, dígame una cosa con toda sinceridad. ¿Qué es el triunfo para usted?

Me pide sinceridad total, ¿no? Pues así le hablaré. jamás me he preocupado por el éxito, ni por el triunfo, ni por el aplauso... Todo lo que me ha ido viniendo de aceptación, por parte del público o de la crítica, lo he recibido con las mismas dosis de alegría que de humildad. Yo soy humilde de cuna y creo que soy humilde de espíritu. Y en eso no pienso cambiar. Nunca me he envanecido, ni me he endiosado. El éxito no afecta al interior de mi ser. Dicho con más crudeza: mis entrañas no saben qué es la fama. Y eso es bueno. Uno sigue siempre aguijoneado por el instinto de superación. No considero jamás que en nada de lo que hago haya llegado a la cumbre.

Pero usted trabaja con sus partituras y su guitarra para dar esa música a otros...

Sí, ¿y qué?

Luego... está buscando un eco, y que le sea favorable,
Yo recreo la música, primero, para mi gozo solitario. Y, sólo después, para darla a oír a los demás. Cuando doy un concierto, sea en un gran teatro, sea en un auditórium palaciego, o en un monasterio, o... tocando sólo para el Papa, como hice una vez en Roma ante Juan Pablo II, el instante más emotivo y más feliz para mí es ese momento de silencio que se produce antes de empezar a tocar. Entonces sé que el público y yo vamos a compartir una música, con todas sus emociones estéticas. Pero yo no sólo no busco el aplauso, sino que, cuando me lo dan, siempre me sorprende..., ¡se me olvida que, al final del concierto, viene la ovación! Y le confesaré algo más: casi siempre, para quien realmente toco es para Dios... He dicho «casi siempre» porque hay veces en que, por mi culpa, en pleno concierto puedo distraerme. El público no lo advierte. Pero Dios y yo sí.

Y.. ¿a Dios le gusta su música?

¡Le encanta! Más que mi música, lo que le gusta es que yo le dedique mi atención, mi sensibilidad, mi esfuerzo, mi arte..., mi trabajo. Y, además, ciertamente, tocar un instrumento lo mejor que uno sabe, y ser consciente de la presencia de Dios, es una forma maravillosa de rezar, de orar. Lo tengo bien experimentado.

Perdone la humorada, Yepes: es precioso que usted actúe para un espectador divino; pero, si al artista en pleno concierto «se le va el santo al cielo», el público puede pensar que allí está de más...

¡No! ¡Yo toco con los pies bien en el suelo! Yo soy consciente de que hay un diálogo mudo, una corriente mutua de energía que pasa de mí al público y del público a mí. Cuando se tiene el alma llena de fe y de amor, necesariamente se produce esa comunicación. No das notas, das... todo un mundo de evocaciones, de ideas, y de emociones que están entre las notas y en tu mente y en tu corazón y en las yemas de tus dedos. Das... tu vida interior. Al espectador de butaca y al de allá arriba a la vez.

¿Siempre ha tenido usted esa fe religiosa que ahora tiene?

No. Mi vida de cristiano tuvo un largo paréntesis de vacío, que duró un cuarto de siglo. Me bautizaron al nacer, y ya no recibí ni una sola noción que ilustrase y alimentase mi fe... ¡Con decirle que comulgué por primera vez a los veinticinco años! Desde 1927 hasta 1951, yo no practicaba, ni creía, ni me preocupaba lo más mínimo que hubiera o no una vida espiritual y una trascendencia y un más allá. Dios no contaba en mi existencia. Pero... luego pude saber que yo siempre había contado para Él. Fue una conversión súbita, repentina, inesperada... y muy sencilla. Yo estaba en París, acodado en un puente del Sena, viendo fluir el agua. Era por la mañana. Exactamente, el 18 de mayo. De pronto, le escuché dentro de mí... Quizás me había llamado ya en otras ocasiones, pero yo no le había oído. Aquel día yo tenía «la puerta abierta»... Y Dios pudo entrar. No sólo se hizo oír, sino que entró de lleno y para siempre en mi vida.

¿ Una conversión a lo Paul Claudel, a lo André Frossard..., a lo san Pablo?

¡Ah..., yo supongo que Dios no se repite! Cada hombre es un proyecto divino distinto y único; y para cada hombre Dios tiene un camino propio, unos momentos y unos puntos de encuentro, unas gracias y unas exigencias... Y toda llamada es única en la historia...

Dice usted que «escuchó», que «se hizo oír»..., ¿he de entender, Narciso, que usted, allí junto al Sena, «oyó» palabras?

Sí, claro. Fue una pregunta, en apariencia, muy simple: «¿Qué estás haciendo?» En ese instante, todo cambió para mí. Sentí la necesidad de plantearme por qué vivía, para quién vivía... Mi respuesta fue inmediata. Entré en la iglesia más próxima, Saint Julian le Pauvre. Y hablé con un sacerdote durante tres horas... Es curioso, porque mi desconocimiento era tal que ni me di cuenta de que era una iglesia ortodoxa. A partir de ese día busqué instrucción religiosa, católica. No olvidé que yo estaba bautizado. Tenía la fe dormida y... revivió. Y ya desde aquel momento nunca he dejado de saber que soy criatura de Dios, hijo de Dios... Un hombre con una cita de eternidad que se va tejiendo y recorriendo ya aquí en compañía de Dios. Así como hasta entonces Dios no contaba para nada en mi vida, desde aquel instante no hay nada en mi vida, ni lo más trivial, ni lo más serio, en lo que yo no cuente con Dios. Y eso en lo que es alegre y en lo que es doloroso, en el éxito, en el trabajo, en la vida familiar, en una pena honda como la de que te llame a media noche para decirte que tu hijo ha muerto...

Esa noticia, ese desgarro, ¿no le hizo encararse con Dios y... pedirle explicaciones? ¿Lo aceptó a pie firme?

¿Pedirle explicaciones? ¿Por qué iba a hacerlo? Sentí y sigo sintiendo todo el dolor que usted pueda imaginarse..., y más. Pero sé que la vida de mi hijo Juan de estaba amorosamente en las manos de Dios... Y ahora lo está aún con más plenitud y felicidad. Por otra parte, Pilar, cuando se vive con fe y de fe, se entiende mejor el misterio del dolor humano. El dolor acerca a la intimidad de Dios. Es... una predilección, una confianza de Dios hacia el hombre.

Dios trata duro a los que quiere santos... Pues... sí. A sí es. Pero no es el trato duro, áspero e insufrible de un todopoderoso tirano, sino..., ¿sabré hacerme entender?, la caricia de un padre que se apoya en su hijo. Y esa caricia... limpia, sosiega y enriquece el alma. Y se obtiene la certeza moral y hasta física de que la muerte ha de ser un paso maravilloso: llegar, por fin, a la felicidad que nunca acaba y que nada ni nadie puede desbaratar... ¡Empezar a vivir de verdad!

Oyéndole hablar puede parecer que en usted no hay, como en todos los mortales, el hombre carnal, el bajo mundo de pasiones, la rebeldía del barro... Se diría que en usted hay una espiritualidad de superhombre, o de superángel, sin lucha, sin tentación, sin caída... ¡y sin tibieza ni rutina! ¿No es demasiado sublime para ser real? Pues no habré sabido explicarme. ¡Claro que hay tentación! Pero también hay gracia. ¿Rutina, tibieza? Si se nutre a diario la experiencia de vivir estando al tanto de Dios, no cabe la rutina: Él interpela de continuo con preguntas y con solicitudes nuevas... Y uno va de hallazgo en hallazgo. ¡Nada es igual! Todo es novedad. Ya le dije que Dios no se repite nunca... Ciertamente, yo no le planteo rebeldía a Dios: hacer las cosas bien me cuesta, como a cualquiera. Pero, desde la libertad para decir «No quiero», decido decir « Sí quiero ». Porque, además de creer en Dios..., yo le amo. Y lo que es incomparablemente más afortunado para mí: Dios me ama. ¡Cambiaría tanto la vida de los hombres si cayesen en la cuenta de esta espléndida realidad!

Pero el mundo camina en otra dirección... justo la contraria.

Sí. Es tremendo que el hombre, por cuatro cachivaches técnicos que ha conseguido empalmar, se haya creído que puede prescindir de Dios y trate de arreglar esta vida con su solo esfuerzo... Pero ¿qué está consiguiendo? No es más feliz, no tiene más paz, no se siente más seguro, no progresa auténticamente, pierde el respeto a los demás hombres, utiliza mal los recursos creados..., y él mismo es cada vez menos humano. La sociedad tecnificada y post industrial de este siglo que vivimos ha perdido su norte. Está equivocada. Marcha fuera del camino... ; por eso no avanza verdaderamente. Y esto lo afirmo y, si me lo pone por escrito, lo firmo.

Otra cuestión: de un tiempo a esta parte, y refiriéndose a terroristas que han asesinado, se dice «no es posible estrechar unas manos manchadas de sangre». Mi pregunta es comprometedora. Yepes, ¿usted daría la mano a un etarra asesino?

Hay manos que se manchan de sangre apretando un gatillo, hay manos que se manchan de sangre provocando una guerra o practicando un aborto... Hay manos que se manchan firmando leyes que van contra Pero no hay ninguna mano definitivamente indigna. El hombre, por muy abyecto que sea, siempre está a tiempo para dejar de serlo. Vivir es eso: estar todavía a tiempo.

Supongo, pues, que usted no es partidario de la pena de muerte.

¡En modo alguno! ¿Quién es el hombre para disponer de la vida de otro hombre? Castigo al delincuente, sí. Pero pena de muerte, nunca. Quizás porque soy converso creo más que otros en la capacidad de regeneración y de re-dignificación del ser humano. Y no se debe cercenar esa posibilidad

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La renta variable, Dios y el MP3

  • Mar 2, 2007
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Fotopaz+200
Fotopaz+200

La renta variable, Dios y el MP3

Paz Pérez es economista, gestora de fondos de inversión en una compañía internacional y supernumeraria del Opus Dei

26 de febrero de 2007

 

Conocí la Obra gracias a mi padre que, sin duda, ha sido para mí el mejor ejemplo de vida cristiana. Le recuerdo cuidando de mi madre enferma y dedicado a sus 10 hijos. Tenía mucho trabajo, viajes, etc., pero siempre estaba alegre y contento. Parecía que no se cansaba porque no se quejaba nunca. También tuve contacto con la Obra en el colegio. Desde pequeña, el capellán me explicaba que Dios me había dado mucho. 

La enfermedad de mi madre me ayudó para crecer en fortaleza aunque, al ser de las pequeñas, quizás soy la más blanda de todos mis hermanos. De todas formas, me ayudó mucho ver a mi madre siempre contenta, sin quejarse. De ella aprendí a pensar en los demás antes que en uno mismo. Cuando murió me planteé que si ella había fallecido tan joven yo no estaba en este mundo para perder el tiempo. En ese momento pensé que Dios me pedía algo más.

En la actualidad trabajo en una gestora de Fondos de Inversión y me dedico a la gestión de patrimonios con una visión integral (carteras de Renta Fija, Renta Variable, patrimonio artístico e inmobiliario). Por la mañana, al llegar a la oficina, antes de cruzar la puerta, lo primero que hago es ofrecer mi trabajo; el mundo de la bolsa es muy dinámico y, por si acaso la jornada se presenta agitada, prefiero “dejarla en buenas manos”. Además, para mí, el momento más importante del día es la Misa y, aunque tengo un horario difícil, procuro sacar un hueco para ir. Por otra parte, hoy día, gracias a la técnica, se puede rezar en todas partes; por ejemplo, llevo siempre convertidas en MP3 algunas homilías de San Josemaría.

 

Centro de Cuidados Laguna (Madrid)

Mi vocación al Opus Dei me ayuda sobre todo a tener visión sobrenatural y a

Centro de Cuidados Laguna
Centro de Cuidados Laguna

 apoyarme, además de en el trabajo, en la oración. También me ayuda a ser consciente de que mi trabajo es un servicio a las personas y a seguir un enfoque basado en las personas y no en los productos financieros en sí mismos. Uno de los defectos de algunos bancos es que hacen campañas “producto a producto” y se olvidan de si esa persona y sus circunstancias familiares lo necesitan o no. Cuando me reúno con mis clientes intento ir más allá de las cifras o de una cartera de inversión concreta. 

También me ayuda mucho la formación que recibo, especialmente en una coyuntura social tan compleja como la actual, donde es muy fácil tener ideas confusas. 

En definitiva, con mis defectos y luchas, lo que el Opus Dei me ha enseñado es a tratar de querer más a Dios y a los demás. En este sentido, colaboro activamente con el Centro de Cuidados Laguna, una iniciativa social promovida por el Opus Dei en Madrid para proporcionar tratamientos paliativos a enfermos terminales y personas de la tercera edad.

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"La moda tiene que adaptarse a las necesidades reales de la gente"

  • Feb 27, 2007
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Pilar Domínguez
Pilar Domínguez

Entrevista de David Guerrero

La Gaceta de los Negocios, 6-7, ene 2006

DAVID GUERRERO
Pilar Domínguez llega corriendo, acalorada. Me saluda y se sienta. Su día ha transcurrido entre clases, práctica y horas de estudio. Está en cuarto de Farmacia. La entrevisto en la sede de Doble Erre, empresa dirigida por Raquel Revuelta para formar profesionales de las Relaciones Públicas, el turismo, la moda y la publicidad. En la forma de hablar se le nota que es modelo. Expresa muy bien lo que quiere decir y remarca las palabras. Mira fijamente para darle más sentido a sus frases. Se trata de una persona de profundas convicciones religiosas y de una sencillez admirable.

¿Cómo comenzó su afición por la moda?
Empecé de pura casualidad a través de una amiga, aunque a mí el mundo de la moda siempre me había gustado un poquito. Lo que no me gustaba era el mundo de las misses porque las veía muy diferentes amí, y yo ya tenía la facultad, mi familia, mis amigos, mi novio, el deporte.

Entonces ...
Al principio yo quería trabajar como azafata para sacar un dinero. Después, me convencieron y empezaron a prepararme para miss. Me presenté habiéndolo decidido poco tiempo antes y me lo tomé como una experiencias. Por eso, me llevé una sorpresa muy grande cuando fui elegida.

¿Qué papel juega la moda?
La moda en sí es un negocio que mueve mucho dinero y también la mentalidad social. Ya desde pequeña ves a las niñas que siguen los modelos que se establecen: modelos de belleza, de delgadez, de ojos, de maquillaje, de mujer perfecta. Al fin y al cabo, es lo que unas personas deciden en una reunión.

¿Y para usted?
Para mí, la moda es arte; en este caso, arte expresado en el textil. Además, en lo personal es un hobby, algo que me gusta y me permite desconectar un poco de todo.

¿Cómo percibe la moda actual?
Las hay muy diferentes. En España e Italia la moda es más elegante. En los países del norte, muy urbana. En Tokio, muy rara, muy moderna.

A veces, da la sensación de que los trajes de las pasarelas están muy apartados de las calles.
La moda que utiliza la gente es muy práctica, muy cómoda. La gente trabaja, estudia.. Por tanto, lo que yo creo que tiene que hacer la moda es adaptarse a las necesidades reales de la gente. Se percibe que algunos diseñadores van evolucionando y adecuándose.

¿Qué hace falta para ser una buena modelo?
Altura, un cuerpo bonito, oído y un sentido del ritmo. Después está la elegancia, aunque eso te lo pueden ir enseñando. Como modelo, tienes que tener la habilidad de expresar mucho. Eres, en definitiva, una actriz que debe plasmar una imagen.

Le he oído decir que no desfilaría nunca en ropa interior ni con transparencias.
Yo creo que no hace falta enseñar nada. En la moda hay que tener valores y principios. Esto puede resultar difícil en determinados ambientes pero la gente no tiene que tener miedo a manifestarse como es. Pero le aseguro que hay mucha gente que piensa como yo. No soy nada del otro mundo.

¿Ha tenido que rechazar ofertas por ello?
Sí, por supuesto. Pero si tienes las ideas claras, no vas donde te lleven. Hay que ir contracorrient. Creo que con esta forma de actuar puedo ser un ejemplo para otras chicas que, como yo, están en el mundo de la moda. De todas formas, ya le digo que no soy la única que piensa así.

¿Tiene esto que ver con su condición de católica?
Mi formación es muy importante en mi vida. Si no tienes religión, no tienes espiritualidad y nada te importa, ni siquiera tu cuerpo. No creo que la vida sea comer, dormir, reporducirse y morir.

Si permite la gracia, ¿ser católico no está de moda?
No tengo miedo de decir lo que pienso. A los cristianos siempre nos han perseguido. En la moda, me he sentido perseguida como católica.

¿Qué piensan sus compañeras?
Es cierto que a muchas les choca cosas como, por ejemplo, ser virgen a los 23 años. Yo pienso que antes de entregarte tienes que tener esa seguridad total de que vas a estar con la otra persona toda la vida. Y para ello, antes hay que pasar por el matrimonio.

Algunos dicen que la Iglesia discrimina a la mujer ..
Al contrario. Desde siempre, Jesús ha tenido muy valorada a la mujer, la ha tenido en un altar. La mujer es su mano derecha y la Iglesia como sucesora, ha fomentado ese mensaje. La gente siempre va a estar criticando miles de cosas y no puedes echarle cuenta a todo lo que dicen.

¿Qué le parece el Papa Benedicto XVI?
Tuve ocasión de ir a verlo y escucharlo en Colonia este verano, en la Jornada Mundial de la Juventud. Creo que se le ha criticado tanto porque es muy diferente de Juan Pablo II. De Benedicto XVI tengo que decir que tiene una formación muy grande- Está dejando las cosas muy claras, también los valores. Él no cede y, a la vez, se adecúa a los problemas actuales.

Póngame un ejemplo de modelo para usted.
Judit Mascó.

¿Y en su vida?
Mi madre ...y la Virgen María. ¿Quién mejor modelo que la Virgen María?

¿Piensa compatibiizar su carrera como modelo con su profesión?
Al final, imagino que tendrá que elegir. Tengo claro que voy a terminar Farmacia. Después no sé en qué voy a trabajar. Me gustan la televisión y la radio, poque me considero muy comunicativa.

 

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¡Vale la pena... dejar hacer al "Pintor"!

  • Feb 27, 2007
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TESTIMONIO DEL LIBRO 'UN AMOR SIEMPRE JOVEN' (ED. PALABRA)
¡Vale la pena... dejar hacer al "Pintor"!

Tenía la carrera de ingeniero de Caminos, un buen sueldo... según los cánones vigentes de la sociedad actual, había triunfado. Sin embargo yo no estaba satisfecho. Buscaba algo más, pero no sabía lo que era; y estas inquietudes no podía hablarlas con nadie que me entendiera". Así cuenta Alfonso Sánchez, joven ingeniero de Granada, su encuentro con Dios en el trabajo y el matrimonio.

11 de mayo de 2004

(Testimonio extraído del libro 'Un amor siempre joven', de Ed. Palabra, sobre las enseñanzas de

Pintor1
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San Josemaría Escrivá acerca de la familia)

I.- “La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. – Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y con ella, el relieve, el peso y el volumen” (Camino, nº 279)

En otoño de 1998 terminé la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y llevaba trabajando varios meses. Tenía 26 años. Disponía de medios económicos, y mis amigos y familiares me felicitaban. Según los cánones vigentes en la sociedad actual, había triunfado

Al poco tiempo me ofrecieron un puesto de mayor envergadura, responsabilidad y sueldo. Sin embargo yo no estaba satisfecho: me costaba el mismo trabajo levantarme por la mañana y no tenía ilusión en el trabajo. Terminaba una obra y venía otra; y la empresa me exigía un resultado exclusivamente económico. Buscaba algo más, pero no sabía lo que era; y estas inquietudes no podía hablarlas con nadie que me entendiera.

En el plano personal, contaba con el cariño de mi familia y el apoyo de mi novia, Inmaculada, que tuvo mucha paciencia conmigo por mi inseguridad al plantearnos un compromiso definitivo. Mi concepto de la familia no estaba claro; y de hecho, cada vez que se mencionaba, intentaba posponer la boda con cualquier excusa, como consecuencia de la inseguridad que proporciona no tener unos sólidos cimientos espirituales.

Poco antes de estos sucesos, Inma empezó a sentir molestias en la garganta. La operaron pensando que era amigdalitis. El diagnóstico no fue acertado y las úlceras que tenía no cicatrizaron. Empezaron a hacerle innumerables pruebas y estudios: ahora diagnostican una cosa, ahora otra; ensayaron muchos tratamientos, pero ninguno resolvió su enfermedad.

II. “También tiene su historia lo del lucero... son esas grandes estrellas que parpadean por la noche, allá arriba, en la altura, en el cielo azulado y oscuro, como grandes diamantes de una claridad fabulosa. Así es de clara vuestra vocación: la de cada uno y la mía” (Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei, Eunsa, Pamplona, 1982, p. 26).

A finales de 1999 pasé un fin de semana con un tío mío sacerdote y unos amigos. Tras una animada comida familiar, empezaron a hablar de Jesucristo, y de cómo el trato con Él había cambiado sus vidas. Les noté una paz interior y una alegría desconocidas hasta entonces. Esa misma noche, de temperatura agradable, paseábamos Inmaculada y yo mientras comentábamos las impresiones de aquel encuentro. De pronto, vimos en el cielo un destello impresionante, provocado por una estrella fugaz que dividió el firmamento en dos. Me quedé sobrecogido, y esa conmoción interior me indicó, sin dudas, el camino a seguir.

Cuando pude leer los textos de San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei, y leí ese pasaje en que dice que la vocación es un lucero, a mí me pareció ver reflejado el instante en que Dios se hizo presente en mi vida para pedírmelo todo.

III.- “Que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que ames a Cristo.” (Camino, nº 82).

Pintor2
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No podía desoír esta llamada. Fui a hablar con mi tío, el sacerdote; éste me regaló un par de libros sobre doctrina cristiana, y me los leí de corrido. Pero con esto sólo, no resultaba suficiente. Seguía buscando. Mi entorno tampoco me alentaba, pues el bagaje formativo de mis amistades era muy escaso.

Inmaculada continuaba con sus problemas de salud: las úlceras en la garganta aparecían y desaparecían con desasosegante intermitencia. Los médicos probaban todo tipo de tratamientos, con poco éxito; y seguían sin tener un diagnóstico claro.

Continuaba con mi formación cristiana de modo autodidacta. Leí un libro tras otro, y empecé a asistir a Al poco tiempo, confesé y empecé a recibir Hablaba muy de tarde en tarde con algún sacerdote, y empezaba a sentirme interiormente más realizado. Pensaba aún que la vida cristiana se reducía a ir a Misa los domingos, pero yo veía con claridad que aquello no me bastaba.

Unos meses después, abrí un libro que tenía en casa con una encuadernación muy cuidada. Se titulaba Hablar con Dios, y estaba escrito por D. Francisco Fernández Carvajal. Me apropié del ejemplar y empecé a leerlo. Se convirtió en mi libro de cabecera y me acompañaba en todos los viajes de trabajo. Por entonces, oí hablar sobre el Opus Dei y sobre su Fundador, y me di cuenta de que su mensaje no dejaba a nadie indiferente: su afirmación de que Dios nos llama a todos por caminos de santidad (que no es posible vivir un cristianismo “de segunda categoría”) a unos les entusiasmaba y a otros les resultaba inquietante.

De nuevo acudí a mi tío, que me dio una explicación y me regaló Camino, Surco y Es Cristo que pasa: tres libros del Fundador de , me orientó acerca de cómo leerlos y me comentó la difusión que había alcanzado Camino: más de 4 millones de ejemplares en casi todas las lenguas del mundo.

“Que tu vida no sea una vida estéril. - Sé útil.- Deja poso.” Así comenzaba aquel libro. Descubrí una

Pintor 3
Pintor 3

gran fuerza espiritual en aquellos consejos. Una aplicación integral y profunda del cristianismo, para la vida actual. Trabajo, lucha interior, vida sobrenatural, llamamiento... Poco a poco fui captando un espíritu, un estilo de vida con el que me sentía identificado. Y caí en la cuenta de que aquel libro que tanto me ayudaba, Hablar con Dios, de cuyo autor no conocía nada, reflejaba esa misma espiritualidad.

Fui ampliando conocimientos acerca del mensaje de San Josemaría y de su aplicación práctica, que constituye el Opus Dei. Decidí contactar con conocía a ningún miembro ni sabía de la existencia de las múltiples labores que realizaba. El sentido práctico de la profesión me llevó a recurrir a la guía telefónica. El contacto fue eficaz y encontré la ayuda que necesitaba.

Vislumbré con claridad mi matrimonio con Inmaculada. Pronto nos casamos, abandonados en las manos del Señor, y sin dejar de poner los medios. La visión de la enfermedad se transformó, y dejó de ser un problema para pasar a ser una dificultad, e incluso un acicate en el que se transparenta el Amor de Dios.

IV.- “Y ¿en un ambiente paganizado o pagano, al chocar este ambiente con mi vida, no parecerá postiza mi naturalidad?, me preguntas. –Y te contesto: Chocará sin duda, la vida tuya con la de ellos: y ese contraste, por confirmar con tus obras tu fe, es precisamente la naturalidad que yo te pido” (Camino, 380).

Con la práctica de las enseñanzas de San Josemaría experimento el ciento por uno prometido por Nuestro Señor a sus discípulos. Voy descubriendo la unidad de vida, que me lleva a dar relieve a las jornadas aparentemente iguales; la fuerza de la oración, siempre fecunda; el valor de la entrega y los pequeños sacrificios, siempre presentes; el valor corredentor del trabajo; la filiación divina, etc. En definitiva, sentirse instrumento de Dios, dejar hacer al Pintor... “Ya puedes desechar esos pensamientos de orgullo: eres lo que el pincel en manos del artista. Y nada más. Dime para qué sirve un pincel, si no deja hacer al pintor” (Camino, 612).

Pero donde se manifiesta de un modo más vivo mi vinculación al Opus Dei, es en el apostolado. Poco a poco mis amigos se acercan a preguntarme qué me pasa, y cuando se lo explico, empiezan a dar los primeros pasos. No son tan rápidos como yo desearía. También ellos tienen su proceso de acercamiento y, por más que quiero quemar etapas, tengo que conformarme con ver cómo avanzan lentamente. Se van preocupando por su alma, se acercan a los sacramentos, a acuden a nosotros para solicitar un consejo o una pequeña ayuda. Aquella situación familiar complicada se va resolviendo...

La alegría más grande me la proporciona Inmaculada, que me acompaña y aventaja en este viaje interior. Aunque sigue con sus afecciones físicas, confiamos en la ayuda de nuestro Padre para superarlas; y así se lo encomendamos.

Voy a terminar. Y lo haré con dos párrafos.

El primero es para recordar un encuentro largamente esperado ¡Qué buen rato pasé, hace unas semanas, cuando tuve la oportunidad de saludar personalmente a D. Francisco Fernández Carvajal: un sacerdote joven, simpático y en extremo atento, a quién no acertaba a imaginar así, cuando me levantaba interiormente apoyado en las páginas de su libro!

El segundo es para manifestar un deseo. Querría que estas líneas sirvieran de agradecimiento a Dios por todo lo que hemos recibido en mi familia: algo tan ordinario y tan extraordinario. También le pido a San Josemaría, en el año de su centenario y de su canonización, que estas experiencias sirvan para que otras personas que estén empezando no duden y correspondan desde el principio a la gracias que Dios nos concede inmerecidamente. Vale la pena, también humanamente. ¡Vale la pena!

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La fuerza de la propia vida

  • Feb 24, 2007
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Covadonga O.
Covadonga O.

"A ESTE VALIENTE LE MATARON CON UN TIRO EN NO DOBLEGARSE ANTE QUIENES LE ASESINARON"

Hace un par de semanas —recuerdo, una vez más, que escribo este artículo un mes antes de su publicación en la revista—, me encontré en una calle de Madrid a un amigo mío acompañado de uno de sus hijos. Éramos unos más del millón de personas que, sin ningún tipo de insulto ni de malquerencia, nos manifestábamos de la forma más positiva y pacífica para pedir con firmeza que se defiendan tres pilares imprescindibles para conseguir una convivencia pacífica: justicia, dignidad y libertad. Él me saludó con cierta emoción y me dio las gracias por estar junto a él, junto a tantos como él, que sin decir una palabra más alta que la otra, reclamábamos un derecho a la ver­dad y a la vida. Uno de los mil ausentes en esta impresionante mani­festación que tuvo lugar en los primeros días de junio era su padre. Había muerto, años atrás, por negarse a aceptar unas exigencias infa­mes. Guardo, como un tesoro y lo recordamos juntos aquella tarde, el testimonio de aquel hombre extraordinario, profundamente arraiga­do en los valores del espíritu, que nunca se avergonzó de confesar su fe. Lo conservo en un sobre amarillento, que me entregó una de sus hijas, amiga mía, paisana por más señas, que se niega a dar su nombre aunque no le importa que desvele el contenido de ese documento de una valía incalculable, para ella y toda su familia.

Es una carta que este padre dirige a sus hijos, en un día cualquie­ra de su vida, para que la conocieran después de su muerte. A este valiente le ocurrió lo que a muchos cientos de hombres de bien, fuertes, íntegros, que en los últimos treinta años han sido asesinados, con un tiro en la nuca, por no doblegarse ante quie­nes le mataron. Él lo presentía, vivía amenazado, aunque para no angustiar a su familia jamás hablaba de ello. Lo que le animó a escri­bir las líneas que voy a copiar, como él lo explica, fue el enorme cari­ño a sus hijos y una sólida fe en Dios que quería transmitirles. La carta, escrita a mano, con trazos firmes, es digna de un poema épico. He logrado que me la dejen transcribir con la promesa de no descubrir su identidad y con el argumento de que un testimonio de este calibre no puede quedar reducido al ámbito familiar y, menos, en las circunstan­cias actuales, plagadas de equívocos y demagogia. Empieza con el nombre de cada uno de sus hijos y les dice:

Mis queridos chavales: Esta es una carta difícil de empezar por­que si llegáis a leerla será porque haya querido Dios que, al llevarme, me haya animado a que os la escriba y, de esa manera, no me haya ido sin despedirme de vosotros.

Sois en este mundo lo que más quiero, con gran diferencia sobre todo lo demás y digo que en este mundo porque quiero a Dios más que a vosotros, ¡figuraos cómo le querré!, y os pido y animo a que por encima de todo, (el subrayado está en el original) vosotros también le queráis con verdadera locura. Apoyaros en Él siempre y veréis cómo nunca os falla y cómo os sos­tiene cuando lleguen en la vida ocasiones en que creáis que os falla todo. Nunca os parezca que Él hace mal una cosa. Un día veremos en el cielo cómo todo lo hizo por y para nuestra verdadera eterna felicidad. A mí me mimó mucho en la vida. Me dio unos padres que me quisieron mucho y que me educaron en su amor. Cuando crecí me dio a vuestra madre y sólo Dios, ella y yo sabemos lo que nos quisimos y lo felices que, mientras vivió, fuimos. A medida que vosotros ibais llegando, como un regalo del cielo cada uno, nuestro amor yo creo que crecía. Un día quiso Dios, que nos la dio, llevársela. Él me la había dado y tenía derecho a llevársela, pero hasta que llegué a comprenderlo sólo Él y yo sabemos lo que me dolió el corazón. Creo que ahí empezó a romperse.

Él me animó y seguí viviendo para vosotros y, apoyado en vuestro cariño maravilloso, fui muy feliz porque sabía que además de Dios, madre nos ayudaba desde el cielo. Ahora os ayudaremos los tres. (...)

Y ahora mis consejos:

• Querer a Dios siempre y por encima de todo.

• Quereros mucho los hermanos. Que ni la vida, ni las personas que os rodean y mucho menos los intereses económicos, el dinero, puedan separaros. Si alguno, por mala suerte en sus asuntos, veis que lo nece­sita, ayudadle como si fuerais vosotros mismos.

• Estudiad mucho para ser útiles el día de mañana. Para vosotros si lo nece­sitáis; para los que os rodean, siempre. Trabajad y procurad tener dinero, pero a éste despreciarle siempre un poco y que sólo os sirva para educar a vuestros hijos, vivir con dignidad pero con modestia y, sobre todo, hacer el bien a cuantos podáis, que de esto no os arrepentiréis jamás.

• Sed profundamente alegres. Hay una falsa alegría que es la bulla. No seáis bullangueros. Hay otra alegría que es la que nace de tener el corazón en paz con Dios. Cuando así lo tengáis, y procurad tener­lo siempre, haced todo lo que queráis: rezar, estudiar, trabajar, jugar, cantar y tocar la guitarra, pero sin demasiado ruido para no alocaros vosotros y no molestar a los demás.

• Cuidar y querer a los que han sido mis colaboradores y mis amigos. En primer lugar, a la familia, a los abuelos, a los tíos, en especial a la que ha sido para vosotros una segunda madre. A las personas que os cui­daron, tanto a las que siguen en casa como a las que se casaron y se fue­ron, y que de no ser por esto hubieran seguido. A los que trabajaron conmigo en casa o en la oficina. Más que mis colaboradores son mis amigos y lo serán siempre de vosotros. No os olvidéis de ninguno.

Bueno peques, esto se va alargando y poniendo un poco pesado pero, como resumen os diré otra vez que os adoro, lo que en rea­lidad es la gran pena de mi marcha: que podáis estar tristes, porque por lo demás tengo una enorme confianza en que un día nos reuna­mos otra vez y para siempre todos. Millones de besos y abrazos a cada uno. A portaros bien porque sabéis hacerlo y además, ¡ojo! que ahora os veo a todas horas desde el cielo. Padre.

 Inútil añadir un sólo comentario a este formidable testamento.

(PRESIDENTA DE EDICIONES CÓNICA Y DEL ISEM)

cosa@recoletos.es

Artículo publicado en TELVA, página 202, Nº 796, AGOSTO 2005

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